La Cochera Revisited

Gracias a Miguel Hernández sabemos que la risa puede ser la espada más victoriosa y el mejor rival del sol. Cuesta evocar ciertos versos cuando el contigo se queda sin cebolla, y la nana con la que arrullar al hijo desconocido asoma cada noche. Aunque si fuera madre, quizá acudiría a los Grateful Dead, trovadores a ralentí de las andanzas de un tal Jack Straw: total, héroes y piratas son amados por los niños. Hernández, sin embargo, formó parte de mi plantel ideal, ya que fue la poesía mi primer gran amor: aquel con el que pude olvidarme de mi existencia mezquina. La poesía, con el tiempo, se ha convertido en encuentro (en ocasiones mortalmente endogámico). Hacer gentes, fuera del circuito meramente literario, es una de las funciones de ciclos como el Interzona Poesía. Por eso, cuando veo un garito como el Trifásico, rebosante de juventud poética, deseosa de largos besos y trementina, me alegro.

Hay vida más allá de nuestro downtown malacitano, tanto o más asfixiante, a veces, que la aldea más minúscula. A La Cochera Cabaret, la sala de la Avenida de los Guindos inaugurada este verano, la sacaron de su Ollerías original para encajarla en un perímetro cuajado de barrios densos, donde todavía parece posible encontrar ese público ansiado, el antídoto contra la ausencia de recursos. Ese personal compuesto por individuos que no son necesariamente artistas, literatos, músicos y periodistas enrollados, o amigos de artistas, de literatos, de músicos y de periodistas enrollados. Ese respetable al que castiga la crisis, y que aún tiene arrestos para pagar por reírse un buen rato del absurdo existencial. Ocurrió recientemente con la visita de Pedro Reyes, donde hubo llenazo, risas negras como el tizón, y buenas sensaciones. La oferta formativa de La Cochera Cabaret, en su nueva versión, incluye encuentros con veteranos de la escena nacional como José Pedro Carrión, teatro para niños y lecciones de danza del vientre, entre otras actividades. La diversificación y la captación de nuevos públicos son grandes retos, y eso, la actriz Olga Salut, curranta entre bambalinas de este proyecto escénico e independiente, lo sabe. Que cien años dure.

(Columna publicada publicado el 15 de octubre de 2012 en las páginas de Cultura y Sociedad de Diario SUR, con el nombre de Sueño 115)

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