La Primera Enmienda

Ocurre en esta época de frío y cuestas que comienzan los reseteos, los propósitos y las enmiendas. El intento de acometer cualquier clase de proyecto suena a embolado peligroso en un país desahuciado, mil veces remendado, de cuya historia se aprende, por lo general, muy poco. Pasó el año del bicentenario de las Cortes de Cádiz (punzante recordatorio de lo que España pudo haber sido en 1812 y sigue sin ser, dos siglos después); vienen al caso las palabras de Blanco White, quien espoleaba al compatriota talentoso a salir de “ese charco estancado” que tanto se parece al lodazal actual, en el que acumulamos asco para Rato. Mientras, la búsqueda de la vida, tan mal vista a ojos de quienes se hicieron con el paquete completo en tiempos de bonanza, se abrirá paso en Alemania, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Inglaterra… para bien de quienes se marchan, pese a que la posibilidad del fracaso esté siempre ahí. La vida, o el simulacro de ella, continuará aquí para los demás.

Resulta tentador, sin embargo, entregarse a una serie de remiendos particulares que pasan por dejar ser una ‘Pale Blue Eyes’ andante, permitir cierto lapso entre alegrías y tristezas. No sea que la crisis termine por volverte majara (o adicta al pastilleo legal: en toda familia abnegada hay dealers). Se impone una resaca ominosa que va para largo, y debería servir, entre otras cosas, para hacer entender de una vez a nuestros representantes que están ahí para servirnos, no para el dime y el direte. Que para reproches ya tenemos los de Otis Redding y Carla Thomas, o Dolores Abril y Juanito Valderrama (quienes por cierto lo hacían, a este lado del charco y al otro, con más gracia). Lo digo porque el annus cultural ha comenzado en Málaga con una nueva gresca, al hilo del asunto trinitario. Los cuarteles del Convento de la Trinidad han dejado de existir en plenas fiestas. Unos por acción y otros por omisión, el caso es que nada han hecho para evitar la escombrera de turno. El colectivo ciudadano que defendió el cenobio al completo, con ahínco, debe de estar que trina, y no me extraña. Se ha impuesto, una vez más, el monólogo de la excavadora. La enmienda, en este sentido, sufre un costoso aplazamiento.

(Columna publicada el 7 de enero de 2013 en las páginas de Cultura y Sociedad de Diario SUR, con el nombre de Sueño 115)

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