Lo apocalíptico como reinicio

Julian Opie I. 109 x 94 cm. Barra grasa -0133.JPG

‘Julian Opie I’, obra de Daniel Silvo.

No quedan tan lejos los planteamientos apocalípticos de la Guerra Fría, el reverso paranoico de una carrera espacial no exenta de zancadillas. Daniel Silvo (Cádiz, 1982) se basa en un hipotético desastre nuclear como “pista de pruebas” –he ahí su concepto del arte– para desarrollar ‘Casa, Búnker, Ruina’, la muestra recién inaugurada en la galería Isabel Hurley (Paseo de Reding, 39). Destaca la pieza central, un vídeo grabado en Utretch, Madrid y Yoliatl: tres ciudades para los diferentes estadios de una involución largamente acariciada, fruto del comportamiento grosero del hombre con respecto a la naturaleza. La casa neerlandesa es de una pulcritud formal inquietante, neoplasticista, anticipadora del tiempo de los lobos humanos. El búnker nacional es el escenario de la cuarentena provisional, ciega y aislada durante la catástrofe, donde los coleccionistas (ficticios) empiezan a hacerse preguntas cruciales: ¿qué hacer, servirse del arte o salvar el arte? El desierto mexicano es un reset, una segunda parte de la prehistoria, un reinicio. El opening de la muestra arrancó con una performance en la que dos coleccionistas (reales) trazaban el dibujo de las obras que, respectivamente, querrían reproducir y salvar (conceptualmente) si se hallaran en un lance similar. Antes, el artista ya se había ocupado de construir un discurso con sus propias copias de seguridad: desde la pecadora original de Durero a los registros de situaciones de Abramović. Un discurso en el que queda patente que la naturaleza se ha superpuesto a la civilización. Y donde el hongo atómico brota, furioso, sin ser llamado.

(Artículo publicado el 23 de noviembre de 2014 en las páginas de Cultura y Ocio de Málaga Hoy, dentro de la sección La Última Mona)

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