Ok Computer

Las historias de amor virtual descorazonan, pese a que una relación mental diste mucho de sustituir la sonrisa física y el calor corporal. A ‘Her’, la película de Spike Jonze que regresa a la cartelera después del Festival, le sobra una hora de metraje. Menos es más, y ahora me pongo tan seria como los Radiohead de ‘Ok Computer’. Un epitafio breve, si es lapidario, suma enteros para la posteridad (me cuenta un colega el suyo, en sintonía con la digitalización cotidiana: «Sin señal»; aunque no creo que tengamos ni para un enterramiento vertical). ¿Os imagináis contemplar el planeta desde arriba, bien arropados por alienígenas que filmasen la atracción humana por las pantallas? Es lo que viene a contar ‘Subterranean Homesick Alien’, con guiño al maestro de Duluth, un ansiado ‘meet & greet’ entre el hombre y los extraterrestres. O una ‘Karma Police’ con la que llevarse adecuadamente, al fin y al cabo monopoliza la fuerza y no queremos que pase lo que en Ucrania. ¿Autodefensa ciudadana descocada, al abordaje de instituciones? Si seguimos creciendo en pobreza infantil y paro juvenil, la retórica de la violencia ganará adeptos. El mal hacer político abona el terreno de un liderazgo populista que da grima, y de eso no podrá salvarnos ni el recuerdo más idílico de la Transición.

La Soyuz ha estado desorientada, en solidaridad con los desorientados del mundo. Quizá haya observado al ser humano que, decepcionado e inoperante, interactúa con el otro por mediación de computadoras. Desesperado por enamorarse, como el personaje de Phoenix, de la voz que está al otro lado del teclado. Fantaseo, consciente de mi propia alienación, con una conciencia programada que muestre la apariencia vocal del muy aparente Obama, que viene a Europa a decir “si vis pacem, para bellum” o algo así. Ucrania, otra vez. Frunciendo el labio, explotando la telegenia y elevando el simulacro político a la máxima potencia. Funciona. Los aviones funcionan, también, hasta que un mal día se pierden en el océano y dejan de ser objeto de bromas de mal gusto. Motivo por el que una, que tiene miedo a volar, se desplaza si puede en coches alemanes. Un airbag salva vidas.

(Columna publicada el 31 de marzo de 2014 en las páginas de Cultura y Sociedad de Diario SUR, con el nombre de Sueño 115)

Te puede interesar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *