Se busca Jesucristo: Casting Jesus

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Jesús, en la sociedad del espectáculo.

Foto: Málaga Hoy.

John Lennon se equivocaba al decir que los Beatles eran más famosos que Jesucristo. Jamás podrían hacerle sombra al chavea de Nazaret. A día de hoy, inmersos en la feroz lucha por las identidades que tensa lo que va de siglo (traducida en un creciente narcisismo, yoísmo, egotismo, solipsismo o como queráis llamarlo), pocas figuras emergen con la fuerza y el atractivo del protagonista de los Evangelios. Su discurso, demasiado humano para ser humano –diría un buen amigo mío– se rastrea en los highlights del arte: en la re-iluminada Capilla Sixtina, en el Quijote enfrentado, inútilmente, a las injusticias de los hombres o en el consuelo que ‘Death is Not The End’  brinda a los dolientes (eso sí, cantado por Nick Cave: otro tipo para el que la Biblia es la fuente que no cesa). Precisamente era esa humanidad la que Pasolini buscaba en el rostro de su Jesús cuando se dispuso a rodar ‘El evangelio según San Mateo’. Franco Zeffirelli, en cambio, paseó al candidato a Hijo del Hombre por los estudios de Cinecitttà: una mujer exclamó “Gesù!” y lo sancionó como protagonista. Christian Jankowski (Alemania, 1968) se encontraba viendo ‘La Pasión de Cristo’ de Mel Gibson cuando alumbró la idea para la performance ‘Casting Jesus’ (2011), que desde el 24 de octubre se proyecta en el cuarto oscuro del CAC Málaga. El asesoramiento de la Iglesia en la elección del Cristo gore de Gibson le sorprendió tanto que decidió montar su propio casting. Contó con la colaboración, también, de gente del Vaticano: un jurado formado por un sacerdote, un crítico de arte y un periodista. No se trataba de un chiste, en principio. Tenían que escoger, entre 13 actores profesionales, al actor que haría de Jesucristo. La audición, que se celebró en el romano Complesso Santo Spirito in Sassia, fue recogida en un vídeo de 60 minutos del que no pretendo hacer spoiler ni mucho menos. ¡Dios me libre!

Jankowski resta gravedad a la acción con una comicidad irónica que apunta especialmente a los actores, entregados a la causa de conseguir el papel. El artista, como si de un crupier se tratara, reparte las cartas para echar una mano con pretensiones colectivas. Se las ingenia para conseguir la complicidad de sus colaboradores en el corazón de la Curia Romana. Éstos se prestan al juego en pos de lo que realmente importa: evangelizar, al fin y al cabo. Jankowski se sirve, con guasa, de los formatos televisivos. Hace parodia de los show talents e introduce el elemento corrosivo, haciendo monologuear al presentador del evento (evento en el sentido en que lo concebiría un Allen Kaprow, claro). El resultado no deja de ser simpático, aunque la mueca se tuerza un poco al concluir que el Jesucristo Superstar prima sobre el hombre del que el Nuevo Testamento da cuenta. Siguiendo el aforismo de McLuhan: si el medio sigue siendo el mensaje en la era de la representación superlativa, ¿qué queda de la crónica de los evangelistas, un chascarrillo?

‘Casting Jesus’ sortea con gracia el tema religioso, campo de minas jugosito del que se puede salir con pupa. El catolicismo, con el que convivimos tan traumáticamente en este traumático país, sabe que Jesús sigue siendo su mejor reclamo. Jankowski lo sabe, igualmente. Quizá otras grandes confesiones deberían tomar nota: los tiempos fuerzan a la adaptación, dicen. En una sociedad espectacular como la nuestra, una buena publicity vale su peso en oro. Y aquí apreciamos cómo los candidatos de la performance apartan su ego actoral, durante unos minutos, para identificarse con Cristo. No cabe duda de que el crucificado, muy a su pesar, vende.

(Artículo publicado el 9 de noviembre de 2014 en las páginas de Cultura y Ocio de Málaga Hoy, dentro de la sección La Última Mona)

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