Una Ms. en Feria

57 póster Buzzcocks

Póster para el Beating Heart tour, obra de Linder.

Cada día me siento más Ms.

Ms. como Gloria Steinem y otras que le dieron la espalda a un modelo de mujer. “No voy a ser la mujer que otros esperan que sea”, le dije un día a él, que como buen aficionado al boxeo me replicó, “¿estás citando a Muhammad Ali?”. “En principio no, pero bueno, si él dijo eso mismo con respecto a su negritud, vale: le estoy parafraseando”. Y eso que Ali desde luego no se aplicó el cuento de la emancipación para la cuestión del género, sino que echó el freno en la raza. En fin, les ha pasado, les pasa a otros que se dicen comunistas, socialistas, izquierdistas (uf, los peores, probablemente), anarquistas… con el señor Proudhon a la cabeza quien, en pleno siglo XIX reformista, clamó que solamente el hombre era un “individuo social”. Toma ya. Pues eso no me lo enseñaron en el instituto, cuando empecé a estudiar las primeras doctrinas ácratas; será problema de cómo se configuran y se imparten los temarios, contenidos que no están atravesados por ninguna perspectiva de género e impiden que se valoren “aportaciones” como la de este revolucionario francés.

Así salgo, cual Ms. y con la perplejidad que ya le va dando a una la edad, a las fiestas mayores de la ciudad. Feria, se llama aquí. Fijándome en los grupos de jóvenes, su homogeneidad estética hace que me esfuerce un poco en recordar si era así como éramos en el pasado: es decir, casi idénticos. Tengo que ser autocrítica con mi propia generación, suelo serlo de hecho. Sin embargo, preguntándole a mi prima, que es una millennial genial, luchadora como pocas, va y confirma mi percepción, resaltando el hecho de que los atuendos se parezcan cada vez más los unos a los otros. Como ella es diseñadora de moda, tengo que escucharla en estas cuestiones. Pienso en las pandillas de ‘Grease’ (1978), cuando cantaban ‘Tell me more’, uniformados, también, con ese halo subcultural que sin duda dotaba a la moda de una dimensión tan interesante. Que no es que no exista ahora, lo que pasa es que cuesta pensar en que el chico con la camiseta de los Sex Pistols, gafas de Manuel Azaña y aire jipi que sirve la cerveza realmente haya escuchado mucho punk (tampoco le pregunto). Por lo pronto, yo llevo una de los Buzzcocks y no le da por comentar nada, aunque es igualmente posible que siendo una Ms. ni repare en lo que llevo puesto. O que esté demasiado ocupado como para apreciar el minimalista y espléndido diseño de la artista Linder Sterling que ilustra mi camiseta de la banda inglesa. Cosa bastante lógica con el follón que hay.

Volviendo a las calles, que vomitan gente haciendo absolutamente de todo, bueno y malo, nos encontramos con un surtido número de “reuniones” -como las han llamado la gente mayor de mi familia, de siempre- donde matrimonios y amistades se divierten divinamente, sin aspavientos. Subiendo la media de edad, o bajándola, se contemplan nutridos grupos de personas que entienden su diversión como algo que no debe atentar contra el bienestar de los demás. Porque aunque esto sea algo que no puede ocurrir durante la semana fiestera en Málaga, lo cierto es que feriantes civilizados, los hay. El problema quizá sea la espectacularidad del bochorno que causan los que no lo son, o directamente los desperfectos y molestias ocasionados por imbéciles que parecen sacados en serie: como el que nos asustó en plena calle Granada a mi prima y a mí. Se llevó un improperio por mi parte, eso sí.

Seguimos buscando un local de flamenco, de modo que sugiero la Peña Juan Breva, pero… too late, estamos fuera de horario. El periplo nos conduce por distintos sitios, pero el paisaje de pintas proliferante es el mismo, a saber: ellos llevan tupé-tatuaje al estilo de los ídolos futbolísticos, y ellas jeans-minúsculos-pelo-lacio-planchado al estilo de no sé quién en realidad. Me sorprenden, insisto, las estrecheces de estas tendencias tan generalizadas, tanto en el atuendo como en el cabello. Creo sinceramente que, hace un par de décadas, ni nosotras parecíamos tan “chicas”, ni ellos parecían tan “chicos”. Realmente es que lo creo. Parece que estos últimos años de despiporre económico primero, crisis después y Nuevo Régimen más tarde hayan traído consigo una generación de muchachos y muchachas que apuntalan modelos altamente tradicionales. A ver si la nueva masculinidad y feminismo emancipador, que vaya redundancia acabo de soltar, no vengan a rozar ni de pasada a estos hombres-hombres, y mujeres-mujeres, y viceversa. En una era reaccionaria como esta, es bastante probable.

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